Joaquín Pérez Azaústre, 21-12-11

Enlace del escritor Joaquín Pérez Azaústre en su blog, miércoles, 21 de diciembre de 2011

Alberto Ballesteros, Teatro Chino y Libertad 8

Joaquín Pérez Azaústre sobre Alberto BallesteosMerece la pena mantener plaza fija en Madrid para poder asistir al velo de la luz, curvada y ocre, en una sala mágica, sobre el escenario minúsculo del Libertad 8, donde hay milagros puros que se ofrecen sin grandilocuencia, pero con una verdad que se palpa y se escucha, se respira y se escribe.

Ayer por la noche se presentaba Teatro Chino, el segundo compacto de Alberto Ballesteros. La noche en que me despedí no me pidieron las llaves, pero ayer vigilábamos todos la entrada y la cortina de la sala, porque no nos queríamos perder ni un solo minuto del arranque.

¿Qué pasa con este muchacho, que se sube al escenario casi de puntillas, como un gato, pero con unas botas repletas de energía que golpean, tienen ritmo, con una humildad intensa, con su palabra breve y su postura, de fetal a creciente, apostado en su silla, que de pronto despliega esa fortaleza quebrada de la voz, esa fragilidad hecha misterio, esa sutileza convertida en el eco más nítido?

Ellos seguirán allí, fumando en cubierta, y nos acordaremos de ti: estamos destinados a acordarnos de Alberto Ballesteros, y también celebrarlo. Le acompañaron Ángel Pastor, con su armónica negra, de blues incorporado al corazón de Madrid, y también Héctor Tuya, productor y músico total, entre Asturias y Nueva Orleáns, sobreviviente de noches muy lejanas que ayer también regresaron con su mejor versión, cuando el poeta, novelista y noctámbulo Diego Medrano desnudó El clítoris de Camille y acabó descubriendo que, lo suyo, siempre ha sido Tapar el sol con el pulgar.

Noche de sinergias y reencuentros, noche con Elvira hecha una reina, como siempre, turquesa bajo el cielo del desierto del Atlas, y con Salva volando encima de la Puerta de Toledo.

Pura alegría de noche humada en piano-bar, que también pudo ser una noche infinita, y en realidad lo fue.

Alberto Ballesteros escribe con una pulcritud musical de concepción poética, que juega con tu oído y lo despierta en el entendimiento de lo sugerido. Hay elegancia, sobre todo elegancia, en este chico que lo mismo te arranca un aullido interno con su Bésame, o dispara, que consigue levantar a todo el Libertad con su trepidante canción Tu ventana, porque cada día que nace resucito contigo: «voy a abrir tu ventana y a besar tu sonrisa, / voy a hacerlo despacio que no tengo prisa, / la tristeza se ahogó en el fondo del vaso, / si te vienes conmigo seremos hermanos».

Y lo somos. No hay certeza en él, sino discernimiento; no hay una afirmación, sino un interrogante que se encuentra a sí mismo y también nos alumbra un poco a los demás, nos sube al escenario sin subirnos.

Tanto Teatro Chino, como su anterior disco, Sheffield –con temas ya clásicos entre nosotros, como Buscando un trozo de cielo, No habrá dolor y Sweet Corinna-, van precedidos de textos que son unas novelas comprimidas, una especie de prólogo que es también una fotografía del trasiego de Alberto, de todas las imágenes fijadas dentro de la maleta, como las hojas sueltas de una vida que luego cobra forma al ser cantada.

Me gusta mucho el arte de los discos de Alberto, la forma de contar lo que no cuenta, el concepto de la fotografía, la estética, la guasa y también el dolor, cuando es preciso, pero siempre mostrado con decoro, con esa emoción fina que aparece de pronto debajo de las letras.

Estuvo acompañado de toda su familia, de sus padres y hermanos, que es la mejor manera de cantar, y también de muchos de sus amigos.

Y de sus seguidores, que cada vez son más.

Cantó de maravilla. Zapateó, transmitió, sin levantarse ni una vez de la silla. Es increíble lo que puede lanzar este muchacho, toda la carga tan profunda de belleza y verdad, de melodía sensible, sólo con la fuerza de sus brazos llevando la guitarra sobre el baile de su propio disparo.

Fuente: elgranfelton.blogspot.com.es