Joaquín Pérez Azaústre

Las mil vidas de Alberto Ballesteros

Enlace del escritor Joaquín Pérez Azaústre en su blog elgranfelton, viernes, 20 de abril de 2012

De entre todas las virtudes que lleva en su cajón Alberto Ballesteros, quizá la más importante es que no trata de imitar a nadie, de gustar a nadie, de caerle simpático a nadie. Y claro que Alberto Ballesteros, este songwriter emigrado de Sheffield que es de lo más brillante que uno puede encontrarse en la nueva noche madrileña, tiene influencias, ha buscado bien a sus maestros, sube al escenario y es una proyección que ha imantado el eco de un aplauso. Y claro que es simpático también. Pero una cosa es serlo y otra intentar serlo. Una cosa es haber escuchado bien a César Pop o a Quique González, y otra muy distinta intentar cantar como ellos, o escribir como ellos, o hasta imitar su tono o sus mensajes. Alberto Ballesteros tiene mil direcciones porque no ha parado de buscarlas, de tentarse a sí mismo para encontrar, al fin, la verdad de sí mismo, la singularidad que le da fuste, pegada y prontitud, y también muchas caras de una misma moneda radicalmente despierta; pero sobre todo, la intención de renovarse a cada golpe nuevo de canción, en las letras que tienen, de verdad, poesía -ahora que tanta gente, sobre todo cantando, se adjudica el vocablo-, y una nueva manera de cantar, que en realidad es la buena, la antigua, la de siempre, que se aleja del grito y se decanta por esa menudencia matizada que parece en muchas ocasiones que no llega, que se arrastra y te abraza, que se eleva y sucumbe a su propia caída, en su fiebre de labios, de guitarras partidas, de las botas castizas encontradas en una tumba abierta en el desierto de Arizona.

Mañana sábado, a las 22:00, toca en el Libertad 8. Le acompañarán Ángel Pastor y también Héctor Tuya, su productor musical en ese disco sobrio, auténtico, que no se parece a nada o no trata de hacerlo, que ha sido Teatro Chino. Alberto Ballesteros es de lo más honrado y digno que uno puede encontrarse cualquier noche de Madrid en una sala. Lleva, como todos, varias existencias en los hombros, la vida vespertina, también la taciturna, la escritura y la vida, el trabajo o la vida, pero tiene la inteligencia de no alardear de su alter ego, de guardarlo en su voz, cubrir su piel biográfica, de convertirla en verso, reverso de una piel que es la escritura lúcida del día.

No se lo pierdan.

Fuente: elgranfelton.blogspot.com.es