“Canciones de amor a quemarropa”

18. agosto 2015

Era un viernes, estaba yo por Malasaña, fui hasta allí a recoger la guitarra que había llevado a reparar una semana antes a un luthier que tiene el taller en la calle La Palma. Serían las 6 de la tarde y esa noche estaba invitado a una fiesta de cumpleaños de una amiga en su casa, que está por aquí por La Latina, que es mi barrio también.

El caso es que no tenía regalo, no tenía claro en principio ni lo que le quería regalar, fue en el camino de ida de mi casa al luthier cuando decidí que lo mejor era regalar un libro. Me gusta regalar libros pero no siempre es fácil, el tema de los gustos es complejo, además yo no conozco más de lo que yo leo, que no sé si es mucho o poco, pero sin duda es menos de lo que me gustaría. A lo que voy es que no es fácil acertar.

Ya con la guitarra a cuestas emprendí el viaje de vuelta al barrio pensando qué libro le podría regalar y dónde lo podría comprar. En la calle San Bernardo entré en una librería de libros de segunda mano. Según entré me di cuenta que podía ser muy cutre regalar un libro de segunda mano. A mí me gustan, de segunda, y de tercera y cuarta también, pero en esta ocasión pensé que no era lo apropiado. Eché un vistazo rápido para ver si veía algo para mí pero enseguida salí ya que no iba sobrado de tiempo.

Pensé en tirar para el Fnac pero me dio una pereza que te cagas, y entonces recordé una pequeña librería que hay en la calle Mayor, se llama Librería Méndez, yo no había entrado nunca pero un buen amigo, Joaquín Pérez Azaústre, me ha hablado muy bien de esa librería y de la gente que la lleva. Este amigo que os digo, de otras cosas no sé, pero de libros sabe mucho.

Tiré para allá, desde Santo Domingo bajé por la calle Veneras. En esta calle está uno de mis bares favoritos, “La Alegría” se llama, al pasar por la puerta miré de reojo y vi a Fermín tirar una caña como sólo él sabe hacerlo. Sentí lastima de no tener tiempo para tomarme ni siquiera una rápida. Cruce La calle Arenal y subí por San Gines, sabía bien a que altura estaba la librería ya que a pesar de no haberla pisado nunca, he pasado mil veces por la puerta porque viví unos años en la misma calle Mayor y además porque está pegando pared con pared con el “El Naviego” que es un bar al que sí he pasado muchas veces.

Entré a la librería, un poco apurado ya que había caminado rápido cargando con la guitarra. Eran las 19:55 y estos establecimientos normalmente cierran a las 20:00. Me puse a buscar algo pero estaba bloqueado, pensé que la había vuelto a cagar con la manía esta mía de dejar las cosas para el último momento. Algo que no os he dicho aún es que yo, a esta amiga, la quiero mucho, y aunque sabía que ella me iba a seguir queriendo igual aunque me presentara en la fiesta sin regalo, yo quería estar a la altura.

A todo esto se me acercó el tipo que trabaja allí, yo pensé que me quería avisar que iban a cerrar, no sé lo que me quería decir porque no le di tiempo, me adelante: “Perdone, necesito su ayuda, quiero regalar un libro a una amiga por su cumpleaños”. Como sabía que el tipo iba a necesitar algo más de información continué: “Cumple 30, es muy buena chica, es… farmacéutica…” Noté que el señor flipaba, pero bueno es su curro, tendría que estar acostumbrado, no? “Qué le gusta leer?” me preguntó. Sabía que me vendría con esas. Tras un breve silencio le contesté: “No tengo ni idea”. Y seguí con mi rollo: “Ella es así como…no sé… es muy buena chica y… es mi amiga joder!”. El “joder” no lo dije porque soy un tipo educado incluso cuando estoy en apuros, pero lo pensé. El señor me dijo: “Ya lo tengo! Espera aquí un segundo”. Yo pensé, qué hijo de puta, me ha notado la desesperación y me va a traer cualquier mierda de no menos de 20 euros.

El tipo volvió con un libro con la portada azul y me lo mostró diciendo: “Va sobre la amistad y tal”. Me lo pasó, se titulaba “Canciones de amor a quemarropa”. Me dio buen feeling, además como os he dicho, me habían contado que los tipos de la librería son muy buena gente. En el corto trayecto a la caja, leí algo que ponía en la misma portada, era una crítica que decía: “Un título que suena a película indie, (lo será) y esconde un hermoso relato sobre la amistad, la búsqueda de las raíces y la pertenencia al hogar”.

Unas horas más tarde ya en la fiesta, encontré el momento para darle el regalo a Irene. Me sentí contento ya que estaba convencido que estaba entregando un buen regalo y a la vez triste porque me hubiera gustado llevarme el libro a casa y empezar a leerlo esa misma noche. Me pregunté cuánto tardaría en leerlo y si me lo pasaría cuando acabase. La fiesta estuvo muy chula.

Han pasado unos meses, acabo de terminar de leer el libro. Por supuesto que Irene me lo pasó en cuanto se lo terminó. Resulta que le encantó, y a mí me ha encantado también. No he podido hablar con ella desde que lo he terminado, pero creo que nos ha gustado por el mismo motivo. Ambos nos hemos encontrado dentro de la historia, y no porque nos parezcamos a los personajes como tal, sino porque entendemos que la amistad es algo así como lo que cuenta el Nickolas Butler este, en esta bonita historia. Vaya crack!

Lo pienso muchas veces. Creo que tanto en las pelis como en las novelas se abusa demasiado del personaje solitario, y en parte lo entiendo, ya que si estos personajes tuvieran un amigo, no te digo dos o tres, con un buen amigo que tuvieran, que les tranquilizaran en un momento dado y que les recomendaran que llamaran a la policía, se joderían las historias nada más empezar y se tendría que acabar la película.

Dios me libre de jugar a ser crítico literario. Tengo mis gustos y disfruto muchísimo con lo que leo, sin más. Pero de veras os lo recomiendo, es una pasada.

“Un amigo es una persona junto a la que se puede pensar en voz alta”

Es una cita que aparece en la última página del libro, es de Ralph Waldo Emerson, que no sé quién es, pero ahora miro en Wikipedia.

Blog